lunes, 5 de septiembre de 2016

Septiembre 1982: la invasión de Beirut-Oeste o el dominio de Israel
El 23 de agosto de 1982, el jefe miliciano Bachir Gemayel cambió formalmente de estatus al alcanzar el cargo de Presidente de la República Libanesa, aunque lo hizo a través de una votación parlamentaria ciertamente mediatizada; el jefe de Estado fue elegido sin protocolo, en un cuartel militar y con la presencia expectante de los tanques de Israel.
Sorpresivamente, dada su personalidad histriónica-radical, el cargo institucional pareció haber aplacado al combatiente Bachir. Pero incluso, al día siguiente de su nombramiento, como por arte de magia, la vida bulliciosa retornó al castigado Beirut-Oeste: volvió la electricidad, el agua a borbotones, la línea telefónica, medicinas e incluso gran cantidad de alimentos tanto envasados como frescos, por lo que los habitantes de estos barrios, por momentos, creyeron encontrarse en el paraíso. Y especialmente aliviados, al imaginar que la guerra de Israel por el dominio de la capital musulmana había concluido, y que sus tanques iniciarían la retirada inmediata hacia el sur del país camino de la frontera. No obstante los sucesos se fueron encadenando de tal manera, para que la  toma del poder absoluto por parte del invasor siguiera su curso.
Así, una vez que los últimos militares de Damasco y los jefes de la OLP junto los fedayín hubieran abandonado Beirut, “aplastados y expulsados” en palabras del jefe del ejército Ariel Sharon, los mandos israelíes admitieron sin complejos su prisa por llegar más lejos dentro de la capital “liberada”. Prioritario para Tel Aviv era avanzar hacia el interior de  la ciudad y comandar lo que definió publicitariamente como “la limpieza de Beirut-Oeste”, con el objetivo supuesto de capturar a “terroristas palestinos” camuflados entre los civiles. Por lo que el acorralamiento congelado debería modificarse, pero para permitir al Tzahal progresar hacia zonas de la capital especialmente sensibles y que se mantenían bajo el control de las fuerzas progresistas-musulmanas libanesas. En definitiva, el objetivo a conquistar era subyugar el espacio musulmán a su presencia armada imponente, anulando al tiempo cualquier posible reacción en contra por parte de milicias locales resistentes o desperdigadas. Únicamente faltaba el beneplácito y la voz a favor de su hombre en el país: el miliciano-presidente Bachir Gemayel.    
Sin embargo, la reacción contenida al respecto del nuevo presidente, una vez que hubo presentado su dimisión como comandante de las Fuerzas Libanesas, no fue la esperada por los políticos de Tel Aviv ni por sus mandos militares. El agresivo jefe falangista una vez convertido en máximo dignatario del país, optó por encararse de frente con los “aliados israelíes”, al mismo tiempo que proclamaba públicamente que su intención era buscar la reconciliación de todos los libaneses. En consecuencia, a su entender, sería el ejército nacional bajo su mando el que tomara la vanguardia en el control de la totalidad de Beirut; para evitar que milicias musulmanas-progresistas reaccionaran ante la presencia beligerante del ejército de ocupación. Y en esta nueva línea condescendiente como presidente de todos los libaneses, el 11 de septiembre Bachir Gemayel se reunió con el representante musulmán opositor Saeb Salam, y lo hizo en la sede presidencial del palacio de Baadda para dar máxima solemnidad al encuentro. A continuación, en declaración consensuada ambos políticos no dudaron reiterar “la unidad, soberanía e integridad territorial del Líbano”. 
Solamente tres días después, el presidente Gemayel fue sepultado bajo una montaña de escombros causada por la explosión de 200 kilos de dinamita, justo en su feudo por excelencia, en la sede del Kataeb del barrio cristiano de Acharafie (Beirut-Este). Y apenas unas horas después de que hubiera pronunciado su último discurso, en el que precisó que ya no ambicionaba un Líbano-nacional-cristiano, “pero sí un Estado en el que los cristianos puedan vivir libremente, del mismo modo que los musulmanes”; añadiendo a continuación que pedía a cada libanés  “que resistiera  a toda ocupación, a cualquier agresión al país…”.
Es necesario completar que una vez que la evacuación de los fedayín y de sus cuadros hubiera sido aceptada por todas las partes, incluida la israelí (denominado Plan Habib), un contingente de tropas o Fuerza Multinacional llegó a Beirut con la pretensión de facilitar la salida de la OLP, de efectivos de Damasco que permanecían inmovilizados en Beirut-Oeste y de garantizar la tranquilidad a los civiles de la capital. Con su presencia, la coalición pareció dar a entender que las hostilidades habían concluido bajo los términos del acuerdo presidido por Estados Unidos.
No obstante, una vez que los palestinos abandonaron el país de acogida “con honor” y rodeados de fanfarria publicitaria, la Fuerza Multinacional de interposición evidenció su prisa por abandonar el espacio libanés. El hecho de que Israel siguiera circundando amenazadoramente Beirut-Oeste, ocupando y haciendo uso de su  aeropuerto y exhibiendo su poder, prácticamente, por todo el país, no pareció inquietar en absoluto a los dirigentes de la comunidad internacional implicados; ni siquiera modificaron el plan de partida por el hecho que el Tzahal, el 8 de septiembre, hubiera bombardeado nuevas lanzaderas de defensa instaladas por Siria (carretera Beirut-Damasco). Así, el 10 de septiembre, los marines norteamericanos (800) tras haber permanecido diecisiete días en el Líbano salieron del puerto de Beirut, bajo una gran pancarta que ondeaba la despedida: “Misión cumplida. Adiós”; al día siguiente partió el contingente italiano (537 soldados), y dos días después le siguió el de los paracaidistas franceses (850 hombres). Si había sido la presencia de la Fuerza Multinacional la que había contenido al ejército israelí, como admitió personalmente Arial Sharon a Bachir Gemayel dos días antes de que éste fuera asesinado… Tras su partida, qué podría suceder.
El martes 14 de septiembre a las 16 horas y 10 minutos, la gran detonación que retumbó por toda la ciudad acabó con la vida del presidente Bachir Gemayel y de veintitrés personas más. Sólo unas horas después, el ejército israelí se adentró en Beirut-Oeste con total libertad (“operación Beirut” o “cerveau de fer”). El pretexto anhelado al grito de “¡Bachir, Bachir!” acabó por llegar. Y otra vez, bajo la presencia de los tanques del Tzahal será elegido un nuevo presidente: Amin  Gemayel. Un jefe de Estado que firmará la sumisión o  “acuerdo de paz” según las condiciones impuestas por el ocupante. Pero en el Líbano todo es efímero…

Las matanzas en el campamento de Chatila y en los alrededores de Sabra estaban a punto de comenzar. 

Los tanques del ejercito israelí invaden la ciudad de Beirut. Fotografía tomada del diario ABC (29-11-2014)

1 comentario:

  1. Qué triste leer lo que cuentas con tanto detalle y precisión . Vidas que se pierden sin tener la oportunidad de haber conocido la protección y seguridad de vivir en paz.
    Te dejo esta frase : La Paz empieza en el corazón de las personas .
    Un abrazo

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