“Chatila en el corazón”
Chatila y Sabra. Tres matanzas. Tres aberraciones (1)
Las columnas blindadas del
Ejército de Israel se pusieron en movimiento desde varios frentes. Una de ellas
avanzó a partir del sur, por la carretera del aeropuerto para abrirse en dos
direcciones; por un lado, cercenó la conexión entre los campamentos de Burj el
Barajne y Chatila; y por otro, avanzó a conciencia hasta formar un círculo para
encerrar al campamento de Chatila junto con el entorno de Sabra. Pero
expandiéndose igualmente hacia la Avenida de Camille Chamoun, la Ciudad
Deportiva y la Universidad Árabe, hasta tener el control absoluto del barrio
del Fahkani. Sincronizadamente, otros blindados irrumpieron en el espacio
musulmán a través de la calle Damasco en la zona del Museo Nacional y en
dirección al distrito del Barbir. Finalmente, un tercer grupo de carros de
combate, a partir del norte del Beirut cristiano, se puso en movimiento hasta
absorber el puerto y la zona de los grandes hoteles, para continuar avanzando
por la cornisa mediterránea e introduciéndose igualmente hasta el espacio del
Hambra. Al tiempo, buques de guerra de la marina bombardeaban intensamente el
centro de la ciudad acorralada; y cazabombarderos a baja altitud desprendían un
ruido ensordecedor… Propagando la necesidad de huida inmediata del oeste de
Beirut.
Era 15 de septiembre de 1982,
miércoles, y apenas había comenzado a amanecer. Los tanques de Tel Aviv estaban
a punto de cerrar el círculo sobre Chatila junto con el vecindario popular de
Sabra… Y justo entonces, un grupo de uniformados de la unidad Sayere Mat´Kal se
fueron adentrando sin dubitaciones por las callejas del campamento, todavía en quietud o en
somnolencia. Rápidamente, los hombres de la élite del Tzahal, seguros en sus
movimientos, iniciaron una cacería humana selectiva, de precisión y sin piedad.
Así, cuando las personas previamente seleccionadas habían sido identificadas
con sus nombres y apellidos, eran abatidas sin mediar palabra por un disparo
certero en sus cabezas. Esta primera matanza de civiles palestinos concluyó muy
pronto… Y los militares israelíes abandonaron el campamento sin apenas haber
hecho notar su presencia.
Y ya, una vez que hubieron
concluido con la misión asignada por sus mandos (asesinatos selectivos), el
campo de Chatila fue sellado sin dejar resquicios para la huida, y bajo el mismo
control del ejército de Israel; tanto con francotiradores apostados en edificios claves
que les otorgaban una perfecta visibilidad de toda la zona, como mediante una
barrera inexpugnable confeccionada con sus propios blindados.
Seguidamente tuvieron lugar
otras dos masacres en Sabra y en Chatila, mucho más cruentas tanto en las
formas de llevarlas a efecto como en la cantidad de muertos que produjeron.
Fueron ejercitadas sucesivamente, una detrás de la otra, aunque se encadenaron
con tal precisión que pudieron dar la sensación de haber sido única e
indiferenciada. Concluyendo finalmente en la mañana del sábado del día 18, que
fue cuando Beirut en pleno se percató con
incredulidad de lo sucedido en Sabra y en Chatila.
En relación a la mecánica
operacional (coordinación) se fue produciendo de la manera previamente
establecida. Una vez finalizada la primera y silenciosa operación del ejército
israelí dentro del campamento, la siguiente incursión (segunda matanza) fue
protagonizada por hombres pertenecientes a la milicia libanesa-sureña de Saad
Haddad (fiel aliado de Tel Aviv), que se encontraba en la capital tras haber
sido requerida para incorporarse al Tzahal al comienzo de la invasión de
Beirut, aunque únicamente para aportar un apoyo accesorio o de comparsa. Cuando
estos milicianos se adentraron en Chatila al amparo del atardecer, se dedicaron
a ejercitar las órdenes recibidas del israelí Raphael Eytan; relacionadas con
el procedimiento de abrir fuego sobre toda persona que se encontraran a su
paso, y durante todo el tiempo que se prolongara su estancia en el campo y
alrededores. Al mismo tiempo, los francotiradores israelíes de la brigada
Golani situados en lo alto de edificios cercanos, iban impidiendo con disparos
certeros cualquier escapatoria del averno de Chatila. Todo un macabro escenario
iluminado de amarillo chispeante por las bengalas que fueron lanzando los
hombres del ejército expectante.
Si bien es cierto que los
Kataeb o Falangistas participaron de manera más ostensible y activa que como lo
habían hecho sus compatriotas del sur, su intervención, fue a continuación de
la de estos y como grupo independiente, aunque habían sido instigados por
mandos israelíes de manera muy similar.
Así, los últimos milicianos que penetraron en el campamento y sus
alrededores, el jueves día 16 de septiembre sobre las 5 de la tarde,
pertenecían a efectivos falangistas del jefe Fady Frem (el sucesor de Bachir
Gemayel). Y lo hicieron para llevar a cabo la misión encomendada por el ejército
israelí: la de “limpiar” matando los espacios palestinos, ante la imposibilidad
de que el Tzahal lo llevara a efecto en toda su amplitud con sus propios
uniformados.
Con similar complacencia con la que horas antes los hombres de Haddad habían dejado libre a su desenfreno asesino, los falangistas (estos en plena algarabía) fueron trasportados en camiones hacia dos entradas del campamento, la puerta sur lindante con la embajada de Kuwait, y por el oeste a partir de la Ciudad Deportiva en dirección a la calle de Sabra. Y mientras asesinaban, oficiales del ejército israelí apostados en los edificios cercanos, observaban con sus prismáticos la prolongación de las dos barbaries anteriores. Aunque en realidad no tuvieran necesidad de utilizar sus telescopios para saber lo que estaba sucediendo; alcanzaban a visionarlo con sus propios ojos y escuchaban igualmente los alaridos de desesperación de las víctimas, simplemente verificaban con precisión que sus aliados libaneses llevaban a cabo la misión que se les había encomendado.
Con similar complacencia con la que horas antes los hombres de Haddad habían dejado libre a su desenfreno asesino, los falangistas (estos en plena algarabía) fueron trasportados en camiones hacia dos entradas del campamento, la puerta sur lindante con la embajada de Kuwait, y por el oeste a partir de la Ciudad Deportiva en dirección a la calle de Sabra. Y mientras asesinaban, oficiales del ejército israelí apostados en los edificios cercanos, observaban con sus prismáticos la prolongación de las dos barbaries anteriores. Aunque en realidad no tuvieran necesidad de utilizar sus telescopios para saber lo que estaba sucediendo; alcanzaban a visionarlo con sus propios ojos y escuchaban igualmente los alaridos de desesperación de las víctimas, simplemente verificaban con precisión que sus aliados libaneses llevaban a cabo la misión que se les había encomendado.
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| Fotografía del campamento de Chatila realizada en el año 1961 |

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