lunes, 12 de septiembre de 2016

“Chatila en el corazón”
Chatila y Sabra. Tres matanzas. Tres aberraciones (1)
Las columnas blindadas del Ejército de Israel se pusieron en movimiento desde varios frentes. Una de ellas avanzó a partir del sur, por la carretera del aeropuerto para abrirse en dos direcciones; por un lado, cercenó la conexión entre los campamentos de Burj el Barajne y Chatila; y por otro, avanzó a conciencia hasta formar un círculo para encerrar al campamento de Chatila junto con el entorno de Sabra. Pero expandiéndose igualmente hacia la Avenida de Camille Chamoun, la Ciudad Deportiva y la Universidad Árabe, hasta tener el control absoluto del barrio del Fahkani. Sincronizadamente, otros blindados irrumpieron en el espacio musulmán a través de la calle Damasco en la zona del Museo Nacional y en dirección al distrito del Barbir. Finalmente, un tercer grupo de carros de combate, a partir del norte del Beirut cristiano, se puso en movimiento hasta absorber el puerto y la zona de los grandes hoteles, para continuar avanzando por la cornisa mediterránea e introduciéndose igualmente hasta el espacio del Hambra. Al tiempo, buques de guerra de la marina bombardeaban intensamente el centro de la ciudad acorralada; y cazabombarderos a baja altitud desprendían un ruido ensordecedor… Propagando la necesidad de huida inmediata del oeste de Beirut.
Era 15 de septiembre de 1982, miércoles, y apenas había comenzado a amanecer. Los tanques de Tel Aviv estaban a punto de cerrar el círculo sobre Chatila junto con el vecindario popular de Sabra… Y justo entonces, un grupo de uniformados de la unidad Sayere Mat´Kal se fueron adentrando sin dubitaciones por las callejas  del campamento, todavía en quietud o en somnolencia. Rápidamente, los hombres de la élite del Tzahal, seguros en sus movimientos, iniciaron una cacería humana selectiva, de precisión y sin piedad. Así, cuando las personas previamente seleccionadas habían sido identificadas con sus nombres y apellidos, eran abatidas sin mediar palabra por un disparo certero en sus cabezas. Esta primera matanza de civiles palestinos concluyó muy pronto… Y los militares israelíes abandonaron el campamento sin apenas haber hecho notar su presencia.          
Y ya, una vez que hubieron concluido con la misión asignada por sus mandos (asesinatos selectivos), el campo de Chatila fue sellado sin dejar resquicios para la huida, y bajo el mismo control del ejército de Israel; tanto con francotiradores apostados en edificios claves que les otorgaban una perfecta visibilidad de toda la zona, como mediante una barrera inexpugnable confeccionada con sus propios blindados.
Seguidamente tuvieron lugar otras dos masacres en Sabra y en Chatila, mucho más cruentas tanto en las formas de llevarlas a efecto como en la cantidad de muertos que produjeron. Fueron ejercitadas sucesivamente, una detrás de la otra, aunque se encadenaron con tal precisión que pudieron dar la sensación de haber sido única e indiferenciada. Concluyendo finalmente en la mañana del sábado del día 18, que fue cuando Beirut en pleno se percató con incredulidad de lo sucedido en Sabra y en Chatila.
En relación a la mecánica operacional (coordinación) se fue produciendo de la manera previamente establecida. Una vez finalizada la primera y silenciosa operación del ejército israelí dentro del campamento, la siguiente incursión (segunda matanza) fue protagonizada por hombres pertenecientes a la milicia libanesa-sureña de Saad Haddad (fiel aliado de Tel Aviv), que se encontraba en la capital tras haber sido requerida para incorporarse al Tzahal al comienzo de la invasión de Beirut, aunque únicamente para aportar un apoyo accesorio o de comparsa. Cuando estos milicianos se adentraron en Chatila al amparo del atardecer, se dedicaron a ejercitar las órdenes recibidas del israelí Raphael Eytan; relacionadas con el procedimiento de abrir fuego sobre toda persona que se encontraran a su paso, y durante todo el tiempo que se prolongara su estancia en el campo y alrededores. Al mismo tiempo, los francotiradores israelíes de la brigada Golani situados en lo alto de edificios cercanos, iban impidiendo con disparos certeros cualquier escapatoria del averno de Chatila. Todo un macabro escenario iluminado de amarillo chispeante por las bengalas que fueron lanzando los hombres del ejército expectante.
Si bien es cierto que los Kataeb o Falangistas participaron de manera más ostensible y activa que como lo habían hecho sus compatriotas del sur, su intervención, fue a continuación de la de estos y como grupo independiente, aunque habían sido instigados por mandos israelíes de manera muy similar.  Así, los últimos milicianos que penetraron en el campamento y sus alrededores, el jueves día 16 de septiembre sobre las 5 de la tarde, pertenecían a efectivos falangistas del jefe Fady Frem (el sucesor de Bachir Gemayel). Y lo hicieron para llevar a cabo la misión encomendada por el ejército israelí: la de “limpiar” matando los espacios palestinos, ante la imposibilidad de que el Tzahal lo llevara a efecto en toda su amplitud con sus propios uniformados.

Con similar complacencia con la que horas antes los hombres de Haddad habían dejado libre a su desenfreno asesino, los falangistas (estos en plena algarabía) fueron trasportados en camiones hacia dos entradas del campamento, la puerta sur lindante con la embajada de Kuwait, y por el oeste a partir de la Ciudad Deportiva en dirección a la calle de Sabra. Y mientras asesinaban, oficiales del ejército israelí apostados en los edificios cercanos, observaban con sus prismáticos la prolongación de las dos barbaries anteriores. Aunque en realidad no tuvieran necesidad de utilizar sus telescopios para saber lo que estaba sucediendo; alcanzaban a visionarlo con sus propios ojos y escuchaban igualmente los alaridos de desesperación de las víctimas, simplemente verificaban con precisión que sus aliados libaneses llevaban a cabo la misión que se les había encomendado.
Fotografía del campamento de Chatila realizada en el año 1961

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