viernes, 30 de septiembre de 2016

En memoria de Ali Aissa
Bastó un segundo para que una descarga eléctrica dejara sin futuro a otro palestino-refugiado. La semana pasada el joven Ali Aissa murió electrocutado en Chatila. Tenía 22 años y se encontraba trabajando en los arreglos de su nueva vivienda porque pretendía casarse en los próximos meses. El campamento muestra el duelo tras su desaparición, pero nadie se sorprende por la forma en la que se ha producido. Es la séptima persona que fallece de la misma manera en lo que va de año, y se comenta en corrillos por las callejas principales que son pocas, teniendo en cuenta lo que probablemente acabará produciéndose… ¿Quiénes serán los próximos en morir?
En una callejuela cercana al siniestro huele intensamente a humo, a madera carbonizada y puede verse como un incendio reciente ha pintado de negro el cemento roto de dos viviendas colindantes. ¡Desgracias anunciadas! Esta vez no han habido muertos, solamente dos familias sin hogar.
Una maraña de cableado eléctrico es el cielo del campamento. Tan tupido a veces, que hasta conforma una especie de túnel a ramales que no concluye. Y por los pasadizos más estrechos, los cordones de la electricidad se arrastran en desorden igualmente por las paredes, hasta casi descolgarse en un suelo embadurnado de líquido negruzco resbaladizo o directamente en charcos espesos que nunca desaparecen. Las tuberías del agua, enmohecidas y sucias, que penden desde lo alto a lo largo de las tabiques, están agujereadas o directamente abiertas. Gotean en un sonido constante más o menos pautado, o desprendes pequeñas cascadas con burbujas igualmente en continuo... hasta rellenar las concavidades de tamaño considerable del pavimento; que acumulan en su interior plásticos u otros deshechos imprecisos y que van salpicando de líquido a los filamentos de la corriente.
Las miserias del mujaiam Chatila arañan el alma. Pero avivan a cualquier cerebro que esté dispuesto a poner en alerta su pensamiento crítico.
Un derecho elemental exige dignidad para las personas en su cotidianidad más básica. Los palestinos de los campamentos del Líbano, además, desde el año 1948 vienen reclamando justicia para su Causa: la aplicación de la legalidad internacional múltiples veces sancionada por las Naciones Unidas. En consecuencia, no van a cesar de reivindicar su "derecho al retorno”. 


Una de las calles principales del campamento de Chatila. Fotografía propia.
Chatila. Lugar donde Ali fue electrocutado. Fotografía propia.



Burj el Barajne también está de luto



El campamento de Burj el Barahne está cubierto de grandes retratos en color de un joven ligeramente sonriente. Lleno de vida. Es la última víctima de otra explosión eléctrica. 




3 comentarios:

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  2. Dices que las miserias de Chatila arañan el alma. ¡Cómo debe sobrecoger entrar ahí! Por lo que explicas, por lo que muestras... Esas fotos con tal amasijo de cables...Increíble

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  3. Dices que las miserias de Chatila arañan el alma. ¡Cómo debe sobrecoger entrar ahí! Por lo que explicas, por lo que muestras... Esas fotos con tal amasijo de cables...Increíble

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