lunes, 22 de agosto de 2016

Retornando: Cuatro horas en el campamento de Bour el Barjne

Una vez más habíamos olvidado que el campamento de Burj el Barjne es engañoso. Si bien su entrada principal con la gran mezquita de Afurcan al frente nos sitúa sin impedimentos en calles relativamente ordenadas, con un suelo allanado y de una amplitud aceptable, rápidamente avanzamos hacia un embrollo de callejas y pasadizos muy empinados, que se conectan entre sí en forma de círculos laberínticos sin un sentido claro y que nos impiden conservar la orientación cardinal más básica. Curiosamente, el agua, que escasea desgraciadamente en las viviendas familiares, es protagonista absoluto de las callejas en ladera, al deslizarse por ellas con total libertad como mínimos riachuelos, por lo que moverse libremente sin el riesgo al desliz es casi imposible  (pudimos comprobarlo); teniendo en cuenta que el pavimento se ha erosionado a lo largo del tiempo, dulcificando sus asperezas hasta dar forma a algo relacionado con una pista de patinaje con constantes subidas o bajadas...
El líquido desciende en libertad tras ir brotando de las alcantarillas medio destapadas y de unos conductos de plástico o de metal al descubierto, para dirigirse en forma de ramales caóticos hacia las partes más bajas. Pero al tiempo, también se va incrementado al fluir por algunas de las paredes de las viviendas, que ya empapadas, chorrean constantemente sin ningún tipo de protección; como por culpa de tuberías o depósitos en mal estado colgados precariamente en el cemento (envejecidos y agujereados). Incluso, la gran parte de las cañerías por las que transita el agua, se encuentran entrelazadas a marañas de cables por los que circula la luz dirigida a los domicilios y pequeños negocios del campo. En Burj el Barajne, como en otros campamentos palestinos, el agua desaprovechada se mueve o se estanca a su albedrío, junto a un cableado eléctrico (o contadores) escandalosamente defectuoso, y en consecuencia, sin medios de seguridad o mínima cautela.             
A pesar de las transformaciones que se han ido produciendo con el paso de los años, este campamento palestino ha conservado una estructura humana mucho más homogénea que Chatila, en relación al establecimiento de ambos en los años 1949-1950. Cuando un grupo de refugiados procedentes de la aldea galilea de Tarshiha (Acre), ante la evidencia de que el retorno a sus hogares no sería inmediato, se vieron en la necesidad de asentarse en un lugar temporal a la espera. Por lo que se reagruparon por familias en una finca polvorienta y en desnivel del distrito de Burj el Barajne, cedida para tal efecto transitorio y bajo la protección de unos toldos de lona aportados por la Cruz Roja Internacional. Así, de acuerdo con los datos que nos ha proporcionado la organización “Social Support Society”, este campamento del sur profundo de Beirut lo habitan cerca de 40.000 personas: sobre 25.000 son refugiados palestinos procedentes de la Hijra junto con sus descendientes (llegados al Líbano en 1948-1940); cerca de 14.000 han arribado en los últimos años por causa de la destrucción y la violencia en la vecina Siria y una mayoría de ellos son igualmente refugiados de la Nakba o “palestinos de Siria”, pero otra parte, son ciudadanos sirios que carecen de medios económicos para instalarse en otros lugares de Beirut. El resto de los habitantes, sobre todo son nacionales libaneses muy pobres y marginados; otras nacionalidades no son representativas en este campamento, aunque sí que habitan en sus aledaños.
Nuestra percepción del trazado a ras de suele del campo de Burj el Barajne (que se mantiene prácticamente igual desde que fue levantamiento en firme), siempre nos ha causado desconcierto: es caótico e inescrutable o en círculos mal delineados y sin ningún sentido; además de estar fijado a la incómoda pendiente y con sus elemento más básicos en una degradación escandalosa. Sin embargo, debemos añadir que “el Burj” es más sosegado, discreto y silencioso que su allegado del norte, el estridente y atestado Chatila. E igualmente, en su componente humano hemos encontrado mayor vitalidad, o consciencia de la necesidad de “hacer algo” para aliviar determinadas situaciones de emergencia. Así, algunos hombres y mujeres han tomado la vanguardia de manera individual con gran esfuerzo, con la intención de que la vida de estos “palestinos de 1948” no se consuma en la definitiva desesperanza.
Aunque sin grandes estructuras por falta de mayor apoyo económico, existe cierto dinamismo en el aspecto social o de auxilio más inmediato y concreto. Por ejemplo, para que “los mayores del campamento” vivan su cotidianidad con dignidad al poder acceder diariamente a un comedor colectivo, o formando parte de salidas organizadas bajo la forma de excursiones o encuentros lúdicos con otros refugiados; también, para que grupos de mujeres, niños y adolescentes se mantengan activos mientras aprenden informática, idiomas y determinadas profesiones de provecho (de presente y de futuro). Pero este activismo, sin duda insuficiente por falta de medios, no puede desterrar el riesgo de aparición de ciertos estallidos impetuosos de carácter individual o por desavenencias personales; u otros mucho más complejos, procedentes de grupúsculos reducidos con tendencias políticas opuestas e influenciados (o financiados) por la coyuntura libanesa y regional.
Definitivamente, el hartazgo destructivo en el que se encuentran atrapados miles de jóvenes en los campos palestinos, desde su nacimiento y sin que hayan podido intervenir para remediarlo o modificar sus vidas, resulta escandaloso y debería crear alertas políticas y sociales. La pobreza extrema, la ausencia de expectativas relacionadas con mejoras de carácter legal, la obligada convivencia en un entorno inhóspito y masificado, e incluso, los recelos por competencia entre “los habitantes de siempre” y los que se han instalado últimamente procedentes de Siria, son cuestiones a analizar  y peligros a flor de piel que no pueden sobreseerse desde el desprecio o la indiferencia. Otra cuestión para recapacitar debería centrarse en si el último rincón-cobijo de los palestinos de los campamentos del Líbano, cultivado con firmeza a través de la memoria de la Nakba al impregnarlo de la esperanza en “el retorno a la Tierra”, estallará con furia ante la impunidad arrogante de más humillaciones. Y desprecios.
Abandonamos Burj el Barajne, sin prisa. Con la imagen dibujada en una de las paredes más blancas de la salida: un refugiado soporta sobre su espalda el mapa de la Palestina histórica confeccionado enteramente con palabras de Darwish: “Vale la pena vivir por esta tierra”. Y a su lado el rebelde Handala creado por Naji al Ali con su brazo en alto va escribiendo: “Vivimos a través de imaginar…”.

Y ya, mientras nos alejábamos hacia el puente de la autopista vinieron a la mente las palabras de una anciana: “Hemos vivido para mantener la memoria de Palestina... Pero reclamamos justicia y respeto ¡Caridad, no!”.

Algunas organizaciones del campamento de Burj el Barajne:

- Social Support Society. Fue puesta en macha con decisión en el año 2006, ante la necesidad perentoria de otorgar apoyos asistenciales-emocionales a los ancianos del campamento; muchos de ellos solos y sin ningún tipo de sostén. Con el paso del tiempo ha ampliado sus programas para dar cobertura a residentes de edades más tempanas pero en situación de extrema necesidad. Sus instalaciones son acogedoras, discretas y bien organizadas, pero destacan especialmente sus trabajadoras: amables, activas y entusiastas. Cuenta con una cocina adecuada para proporcionar, diariamente, comidas al grupo de ancianos; fuimos partícipes de la preparación del perejil en ramitos limpios, para después, una vez troceado, incorporarlo al kafta. Igualmente, hemos sido testigo de cómo los ancianos mantienen intacta la evocación de sus lugares de origen en Galilea. La organización a su vez mantiene una estrecha colaboración con su homónima en el campo de Narh el Bared  (Trípoli). Contacto: Saher Serhan.
- Women´s Programs Association. Si bien su origen se remonta al año 1953 y a la iniciativa de la UNRWA (Agencia de las Naciones Unidas para los Refugiados de Palestina) para trasladar a mujeres de algunos campamentos la oportunidad de ciertas actividades laborales, a partir del año 2.000 la Agencia modificó su estrategia dirigiendo los programas hacia el voluntariado independiente aunque permaneció como soporte. En los últimos años su crecimiento ha sido importante al iniciarse en nuevos programas educativos a niños y jóvenes, así como un proyecto de catering de calidad y muy reconocido que lleva por nombre SOUFRA. Pudimos acceder a una clase de inglés que se impartía en esos momentos, en la que una joven voluntaria con una gran sonrisa nos saludó en español. Contacto: Mariam Shahar
Palestinian Arab Center (PAC) Fue establecido en el año 1993. Se encuentra situada en la parte baja del campamento y cuenta con instalaciones muy amplias, y aunque es evidente el deterioro general del edificio, encontramos espacios acogedores bien cuidados, con mucha luz del exterior y pintados con colores atractivos. Incluso dispone de un pequeño parque infantil con un gran árbol en uno de sus costados, que ha extendido sus ramas fuera del recinto semicerrado, pero debiendo sortear marañas de cables eléctricos que penden en la calleja contigua; la hierba artificial, los columpios y otros juegos de colores llamativos dan viveza y alegría al lugar infantil. Encontramos a un grupo de niñas y niños haciendo trabajos manuales bajo la supervisión de adolescentes voluntarias. La organización se centra especialmente en los niños porque es consciente que “tiene que mirar al futuro”. Contacto: Ismail Ismail.  
- Aman Organization. Si cada una de las organizaciones altruistas que hemos conocido en Burj el Barajne ha logrado que encontremos esperanza en un lugar en el que aparentemente no existe, esta organización, además ha logrado que sintamos una emoción muy especial. Aman ha logrando que refugiados discapacitados del campamento tengan una profesión y puedan vivir con su trabajo. A partir de una formación disciplinada y seria, ha conseguido que los jóvenes confeccionen una gran variedad de objetos artesanos muy atractivos, incluidos pequeños mueble trabajados con enorme destreza en madera perfectamente suavizada; como sillas y bancos con diseño vanguardista, de maderas naturales, trenzadas en colores llamativos y combinados con mucha creatividad. “El dinero que procede del trabajo va directamente a nuestros jóvenes, la organización no busca beneficio”. Contacto: Thaeer Dabdoub.    

2 comentarios:

  1. Maravillosas reflexiones. Sigue así con tu visión de Beirut

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  2. Es realmente conmovedor ver el trabajo que realizan estas asociaciones y que tú nos lo puedas contar con tu perspectiva tan humana.

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