miércoles, 10 de agosto de 2016

Retornando al principio

Retornando al principio

Para restañar el embotamiento emocional nos ha sido imprescindible regresar al comienzo del milagro, que por entonces, transformó y rectificó una vida supuestamente orientada y predecible.
Nos hemos impuesto la necesidad de transitar en el presente, a conciencia, por el mismo asfalto ennegrecido y casi tan desigual o accidentado como antaño; olfateando con cada uno de los sentidos las pulsaciones vehementes de la ciudad más vital, contradictoria e inesperada: Beirut.
¡Beirut! ¡Beirut! Sólo con pronunciar su nombre, hermoso y sensual, se puede conseguir que el cerebro súbitamente se desperece, se acelere al precipitarse hacia un abismo inquietante de curiosidad y sensaciones... Para descifrar, casi palpar, cada una de las esencias de la ciudad de los mil símbolos dolientes.
Y ya, una vez sumergidos de pleno en el alborozo de emociones en torbellino, nos será posible elevarnos con ligereza por encima de la decadencia húmeda, agrietada y galopante que va impregnando a la urbe a partir de sus cimientos, para sentirla provocadora, vigorosa y única; en toda su plenitud compleja.
La “poétique de la ville” de Beirut (en latencia pero veraz si deseamos encontrarla), puede conseguir que desde la empatía emocional alcancemos a visionarla como totalmente luminosa, atildada, coqueta, casi diáfana…  Y siempre derrochadora de coraje, resistente hasta el exceso: ¡libre!         

2 comentarios:

  1. Bienvenida Rosa a nuestro Beirut, que tan bien sientes, y que ya nos embelesa solo al pronunciar su nombre.

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  2. Bellas palabras para bellos sentimientos.
    Disfrútalo Rosa. Te leo.

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