Retornando al principio
Para restañar el embotamiento emocional nos ha sido
imprescindible regresar al comienzo del milagro,
que por entonces, transformó y rectificó una vida supuestamente orientada y predecible.
Nos hemos impuesto la necesidad de transitar en el
presente, a conciencia, por el mismo asfalto ennegrecido y casi tan desigual o
accidentado como antaño; olfateando con cada uno de los sentidos las
pulsaciones vehementes de la ciudad más vital, contradictoria e inesperada: Beirut.
¡Beirut! ¡Beirut! Sólo con pronunciar su nombre, hermoso
y sensual, se puede conseguir que el cerebro súbitamente se desperece, se
acelere al precipitarse hacia un abismo inquietante de curiosidad y sensaciones...
Para descifrar, casi palpar, cada una de las esencias de la ciudad de los mil
símbolos dolientes.
Y ya, una vez sumergidos de pleno en el alborozo de
emociones en torbellino, nos será posible elevarnos con ligereza por encima de
la decadencia húmeda, agrietada y galopante que va impregnando a la urbe a
partir de sus cimientos, para sentirla provocadora, vigorosa y única; en toda
su plenitud compleja.
La “poétique de la
ville” de Beirut (en latencia pero veraz si deseamos encontrarla), puede conseguir que desde la empatía
emocional alcancemos a visionarla como totalmente luminosa, atildada, coqueta,
casi diáfana… Y siempre derrochadora de
coraje, resistente hasta el exceso: ¡libre!
Bienvenida Rosa a nuestro Beirut, que tan bien sientes, y que ya nos embelesa solo al pronunciar su nombre.
ResponderEliminarBellas palabras para bellos sentimientos.
ResponderEliminarDisfrútalo Rosa. Te leo.