El trueno cotidiano
gobierna en Chatila,
sur del sur de una
babel de cemento que ya no reposa:
¡Prohibido dormitar!
¡Prohibido ensoñarse!
Pero algunas miradas,
las que saben escuchar…
aun perciben el
temblor de parpadeos,
son rescoldos de un
pasado cercenado en pedazos
pero que desafía al
último extravío.
¡Es el apego a la
Tierra y a las huellas que cultivó el exilio!
¡Es la memoria de la
Hijra que se resiste al olvido!

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