Retornando: Cuatro horas en el campamento de Bour el
Barjne
Una vez
más habíamos olvidado que el campamento de Burj el Barjne es engañoso. Si bien
su entrada principal con la gran mezquita de Afurcan al frente nos sitúa sin
impedimentos en calles relativamente ordenadas, con un suelo allanado y de una
amplitud aceptable, rápidamente avanzamos hacia un embrollo de callejas y
pasadizos muy empinados, que se conectan entre sí en forma de círculos
laberínticos sin un sentido claro y que nos impiden conservar la orientación
cardinal más básica. Curiosamente, el agua, que escasea desgraciadamente en las
viviendas familiares, es protagonista absoluto de las callejas en ladera, al
deslizarse por ellas con total libertad como mínimos riachuelos, por lo que
moverse libremente sin el riesgo al desliz es casi imposible (pudimos comprobarlo); teniendo en cuenta que
el pavimento se ha erosionado a lo largo del tiempo, dulcificando sus asperezas
hasta dar forma a algo relacionado con una pista
de patinaje con constantes subidas o bajadas...
El líquido
desciende en libertad tras ir brotando de las alcantarillas medio destapadas y
de unos conductos de plástico o de metal al descubierto, para dirigirse en
forma de ramales caóticos hacia las partes más bajas. Pero al tiempo, también se
va incrementado al fluir por algunas de las paredes de las viviendas, que ya
empapadas, chorrean constantemente sin ningún tipo de protección; como por
culpa de tuberías o depósitos en mal estado colgados precariamente en el
cemento (envejecidos y agujereados). Incluso, la gran parte de las cañerías por
las que transita el agua, se encuentran entrelazadas a marañas de cables por
los que circula la luz dirigida a los domicilios y pequeños negocios del campo.
En Burj el Barajne, como en otros campamentos palestinos, el agua
desaprovechada se mueve o se estanca a su albedrío, junto a un cableado
eléctrico (o contadores) escandalosamente defectuoso, y en consecuencia, sin
medios de seguridad o mínima cautela.
A pesar
de las transformaciones que se han ido produciendo con el paso de los años,
este campamento palestino ha conservado una estructura humana mucho más homogénea
que Chatila, en relación al establecimiento de ambos en los años 1949-1950. Cuando
un grupo de refugiados procedentes de la aldea galilea de Tarshiha (Acre), ante la evidencia de que el
retorno a sus hogares no sería inmediato, se vieron en la necesidad de
asentarse en un lugar temporal a la
espera. Por lo que se reagruparon por familias en una finca polvorienta y en
desnivel del distrito de Burj el Barajne, cedida para tal efecto transitorio y bajo
la protección de unos toldos de lona aportados por la Cruz Roja Internacional. Así,
de acuerdo con los datos que nos ha proporcionado la organización “Social Support Society”, este campamento
del sur profundo de Beirut lo habitan cerca de 40.000 personas: sobre 25.000
son refugiados palestinos procedentes de la Hijra junto con sus descendientes (llegados
al Líbano en 1948-1940); cerca de 14.000 han arribado en los últimos años por
causa de la destrucción y la violencia en la vecina Siria y una mayoría de
ellos son igualmente refugiados de la Nakba o “palestinos de Siria”, pero otra
parte, son ciudadanos sirios que carecen de medios económicos para instalarse
en otros lugares de Beirut. El resto de los habitantes, sobre todo son nacionales
libaneses muy pobres y marginados; otras nacionalidades no son representativas
en este campamento, aunque sí que habitan en sus aledaños.
Nuestra
percepción del trazado a ras de suele del campo de Burj el Barajne (que se
mantiene prácticamente igual desde que fue levantamiento en firme), siempre nos
ha causado desconcierto: es caótico e inescrutable o en círculos mal delineados
y sin ningún sentido; además de estar fijado a la incómoda pendiente y con sus
elemento más básicos en una degradación escandalosa. Sin embargo, debemos
añadir que “el Burj” es más sosegado, discreto y silencioso que su allegado del
norte, el estridente y atestado Chatila. E igualmente, en su componente humano
hemos encontrado mayor vitalidad, o consciencia de la necesidad de “hacer algo”
para aliviar determinadas situaciones de emergencia. Así, algunos hombres y
mujeres han tomado la vanguardia de manera individual con gran esfuerzo, con la
intención de que la vida de estos “palestinos de 1948” no se consuma en la
definitiva desesperanza.
Aunque
sin grandes estructuras por falta de mayor apoyo económico, existe cierto
dinamismo en el aspecto social o de auxilio más inmediato y concreto. Por
ejemplo, para que “los mayores del campamento” vivan su cotidianidad con
dignidad al poder acceder diariamente a un comedor colectivo, o formando parte
de salidas organizadas bajo la forma de excursiones o encuentros lúdicos con
otros refugiados; también, para que grupos de mujeres, niños y adolescentes se
mantengan activos mientras aprenden informática, idiomas y determinadas
profesiones de provecho (de presente y de futuro). Pero este activismo, sin
duda insuficiente por falta de medios, no puede desterrar el riesgo de
aparición de ciertos estallidos impetuosos de carácter individual o por
desavenencias personales; u otros mucho más complejos, procedentes de
grupúsculos reducidos con tendencias políticas opuestas e influenciados (o
financiados) por la coyuntura libanesa y regional.
Definitivamente,
el hartazgo destructivo en el que se encuentran atrapados miles de jóvenes en
los campos palestinos, desde su nacimiento y sin que hayan podido intervenir
para remediarlo o modificar sus vidas, resulta escandaloso y debería crear
alertas políticas y sociales. La pobreza extrema, la ausencia de expectativas
relacionadas con mejoras de carácter legal, la obligada convivencia en un
entorno inhóspito y masificado, e incluso, los recelos por competencia entre “los habitantes de siempre” y los que se han
instalado últimamente procedentes de Siria, son cuestiones a analizar y peligros a flor de piel que no pueden
sobreseerse desde el desprecio o la indiferencia. Otra cuestión para
recapacitar debería centrarse en si el último rincón-cobijo de los palestinos
de los campamentos del Líbano, cultivado con firmeza a través de la memoria de
la Nakba al impregnarlo de la esperanza en “el retorno a la Tierra”, estallará
con furia ante la impunidad arrogante de más humillaciones. Y desprecios.
Abandonamos
Burj el Barajne, sin prisa. Con la imagen dibujada en una de las paredes más
blancas de la salida: un refugiado soporta sobre su espalda el mapa de la
Palestina histórica confeccionado enteramente con palabras de Darwish: “Vale la
pena vivir por esta tierra”. Y a su lado el rebelde Handala creado por Naji al
Ali con su brazo en alto va escribiendo: “Vivimos a través de imaginar…”.
Y ya,
mientras nos alejábamos hacia el puente de la autopista vinieron a la mente las
palabras de una anciana: “Hemos vivido para mantener la memoria de Palestina...
Pero reclamamos justicia y respeto ¡Caridad, no!”.
Algunas organizaciones del campamento de Burj el Barajne:
- Social Support Society. Fue puesta en
macha con decisión en el año 2006, ante la necesidad perentoria de otorgar
apoyos asistenciales-emocionales a los ancianos del campamento; muchos de ellos
solos y sin ningún tipo de sostén. Con el paso del tiempo ha ampliado sus
programas para dar cobertura a residentes de edades más tempanas pero en
situación de extrema necesidad. Sus instalaciones son acogedoras, discretas y
bien organizadas, pero destacan especialmente sus trabajadoras: amables, activas
y entusiastas. Cuenta con una cocina adecuada para proporcionar, diariamente,
comidas al grupo de ancianos; fuimos partícipes de la preparación del perejil
en ramitos limpios, para después, una vez troceado, incorporarlo al kafta. Igualmente, hemos sido testigo de
cómo los ancianos mantienen intacta la evocación de sus lugares de origen en
Galilea. La organización a su vez mantiene una estrecha colaboración con su
homónima en el campo de Narh el Bared (Trípoli). Contacto: Saher Serhan.
- Women´s Programs Association. Si bien su origen se remonta al año
1953 y a la iniciativa de la UNRWA (Agencia de las Naciones Unidas para los
Refugiados de Palestina) para trasladar a mujeres de algunos campamentos la
oportunidad de ciertas actividades laborales, a partir del año 2.000 la Agencia
modificó su estrategia dirigiendo los programas hacia el voluntariado
independiente aunque permaneció como soporte. En los últimos años su
crecimiento ha sido importante al iniciarse en nuevos programas educativos a
niños y jóvenes, así como un proyecto de catering de calidad y muy reconocido
que lleva por nombre SOUFRA. Pudimos acceder a una clase de inglés que se
impartía en esos momentos, en la que una joven voluntaria con una gran sonrisa
nos saludó en español. Contacto: Mariam Shahar
- Palestinian Arab Center (PAC) Fue
establecido en el año 1993. Se encuentra situada en la parte baja del
campamento y cuenta con instalaciones muy amplias, y aunque es evidente el
deterioro general del edificio, encontramos espacios acogedores bien cuidados,
con mucha luz del exterior y pintados con colores atractivos. Incluso dispone
de un pequeño parque infantil con un gran árbol en uno de sus costados, que ha
extendido sus ramas fuera del recinto semicerrado, pero debiendo sortear
marañas de cables eléctricos que penden en la calleja contigua; la hierba
artificial, los columpios y otros juegos de colores llamativos dan viveza y
alegría al lugar infantil. Encontramos a un grupo de niñas y niños haciendo
trabajos manuales bajo la supervisión de adolescentes voluntarias. La
organización se centra especialmente en los niños porque es consciente que
“tiene que mirar al futuro”. Contacto: Ismail Ismail.
- Aman Organization. Si
cada una de las organizaciones altruistas que hemos conocido en Burj el Barajne
ha logrado que encontremos esperanza en un lugar en el que aparentemente no
existe, esta organización, además ha logrado que sintamos una emoción muy
especial. Aman ha logrando que refugiados discapacitados del campamento tengan
una profesión y puedan vivir con su trabajo. A partir de una formación
disciplinada y seria, ha conseguido que los jóvenes confeccionen una gran
variedad de objetos artesanos muy atractivos, incluidos pequeños mueble
trabajados con enorme destreza en madera perfectamente suavizada; como sillas y
bancos con diseño vanguardista, de maderas naturales, trenzadas en colores
llamativos y combinados con mucha creatividad. “El dinero que procede del
trabajo va directamente a nuestros jóvenes, la organización no busca
beneficio”. Contacto: Thaeer Dabdoub.