miércoles, 2 de noviembre de 2016



MAJDEL KOROM: una organización de ayuda dentro del campamento de Chatila
Cuando Yehya Sarris se va adentrado a través de la calle Sabra hacia las proximidades de Chatila, las sonrisas, saludos y estrechamientos de manos que le van acompañando son constantes. Y todos los días de la semana, prácticamente a la misma hora (excepto el domingo), se produce el mismo ritual de bienvenida. 
Niños, mujeres y hombres de todas las edades saludan “al Haj Yehya” desde el cariño, el reconocimiento y la cercanía. Yehya es un palestino-refugiado que decidió no abandonar a los suyos, permanecer a su lado y sentir con ellos, día tras día, cada una de las desgracias que seguían dañándoles, todo y a pesar de no residir desde hace años en el campamento. Para quitar importancia a su labor altruista, él la explica diciendo que “no podría dejar de venir a Chatila ni de ayudar en lo que fuera… Yo formo parte también del campamento”. Sin duda, es uno de los pocos antiguos habitantes del campo, que una vez que lograron abandonarlo gracias a un relativo ascenso económico, optó con naturalidad por seguir mirando a los ojos con empatía a los que no habían podido hacerlo. A todos los que seguían atrapados en una prisión sin cerrojos físicos llamada campamento de Chatila.

Yehya Sarris
La organización “de ayuda” MAJDEL KOROM se puso en marcha en el año 2.000, simplemente “por necesidad”, como nos trasmite convencido Yehya Sarris. Por entonces, el campamento sangraba de miserias y en total abandono. Las guerras intermitentes de la milicia chiita de Amal (1985-1988) lo fueron transformado exponencialmente en un gueto áspero y desconfiado, poblado de ruinas que ya nadie parecía querer, ni poder, levantar. Esta vez, todo hacía prever que los supervivientes del rebelde Chatila se encontraban rendidos, rebozados de su propia desesperanza y sumergidos en un paisaje social profundamente “inmoral” que diría Camus, en el que su condición “moral” de refugiados-victimas, ya no era suficiente para mantenerlos firmes mostrando quienes eran y de dónde habían venido. Así, los palestinos que no habían conseguido escapar del campamento, estaban recluidos en la perniciosa debilidad de sentirse nada. Y la insignificancia de la “nada”, agarrotaba al consciente luchador heredado de los mayores hacia el conformismo más apático y primario; relacionado con el fatalismo del aquí me quedo porque así tiene que ser.

Logotipo de la asociación MAJDEL KOROM 

Completamos que los trabajos en activo ejercidos fuera del recinto por unos pocos privilegiados, apenas aportaban la cantidad suficiente para cubrir tres comidas diarias. E igualmente, el abandono escolar se encontraba en su cota más alta por una falta objetiva de medios, pero al unísono, por la desidia de unos adolescentes que ante la consciencia de su no futuro, optaban por dar vía libre a su rabia interior mediante la huida desesperada hacia la ofuscación más absoluta. Al mismo tiempo, la organización específica de los palestinos, la UNRWA, que teóricamente debía sostenerlos en situaciones de crisis y en cuestiones de primera necesidad, había suspendido su precaria asistencia alimentaria a los más desvalidos (aache); como también el sufrago completo de medicamentos y la gratuidad de hospitalizaciones en caso de necesidad. Sin duda era una “época tan desastrosa” y con tantas necesidades a la vista, que Yehya Sarris “no podía no hacer nada”. Permanecer como un espectador indiferente le resultó insoportable.
Y bajo esta premisa, en una pequeña reunión de amigos originarios del pueblo de Majdel Korom (Acre), Yehya propuso a los asistentes ponerse en marcha bajo la forma de una organización “de ayuda”. Pequeña pero eficaz desde su nacimiento, y que aportara sostén tangible a las familias sin recursos de su misma aldea galilea. Y todo sin demandar el soporte (incierto) a cualquiera de las organizaciones libanesas, a la OLP o la Autoridad Palestina; ni tampoco de la UNRWA, a la que ya los refugiados la percibían con desdén o claro resquemor. Por lo que no contaron con ningún apoyo económico más allá del que ellos participaron “para empezar”, teniendo en cuenta que la economía de ninguno era especialmente boyante.  Pero con la esperanza de que, tal vez, a medio plazo “su ejemplo” visible fuera seguido por grupos de “otros pueblos palestinos” residentes en el campo. Algo que desgraciadamente no llegó fructificar en ninguno de los intentos que se produjeron.

Fotografía del campo de Chatila tomada por Pablo Sigismondi
El procedimiento se configuró a través de una junta de administradores compuesta por 6 personas, además de por Yehya Sarris. Consistió en lo siguiente:
En primer lugar el comité realizó un censo, casa por casa, de los descendientes de la Nakba de dicho pueblo galileo. El resultado fue que en Chatila en el año 2.000 residían 200 familias con origen directo en Majdel Korom. A todos ellos se les fue explicando con sencillez cuál era la intención de la nueva asociación que llevaría el nombre del lugar de procedencia de sus miembros: “ayudar y sostener a los más pobres”. Pero no con palabras “bonitas” de esperanza en el futuro, si no aportando lo necesario en presente para evitar la soledad, la desnutrición y que “su vida digna” no dependiera, por ejemplo, de que pudieran costearse determinados medicamentos. La respuesta fue la esperada y los descendientes de Kajdel Korom en una sola voz apoyaron la idea. 
La siguiente fase se centró en la creación de un carnet específico para cada una de las familias asociadas. Que implicaba que “todas las que pudieran hacerlo” debían aportar mensualmente la cantidad de 5.000 libras libanesas (unos 3 Euros al cálculo actual). Para invertir lo recogido en provisiones y medicinas que serían trasladadas, por un grupo de trabajo voluntario de entre los socios, a las viviendas de los más necesitados. La iniciativa fue creciendo hasta consolidarse, gracias igualmente a nuevas colaboraciones de personas dentro y fuera del campamento que supieron de la labor solidaria de la organización MAJDEL KOROM.

Imagen de la campamento de Chatila del 1993

Cena de Ramadan en el comedor de la asociación
Trabajadoras de la asociación con Jaled, el cocinero
Recibiendo comida en sus respectivos envases
La tercera actuación comenzó en Ramadán del año 2001. Por entonces la evidencia mostraba que existían familias que, por falta de medios, seguían sin poder hacer la comida del final del día con el aporte necesario de calorías. Por lo que la junta decidió improvisar un comedor en la propia organización para acoger a los casos más necesitados. Esta movilización, centrada únicamente en los pertenecientes a la organización MAJDEL KOROM, tuvo tal trascendencia en el campamento que fueron llegando refugiados pobres, no asociados u originarios de distintos pueblos palestinos, a pedir ser admitidos en las cenas del Ramadán. “Cómo íbamos negar a nadie nuestra comida... la repartimos entre todos los que se fueron presentando”, comenta Yehya con sencillez. Así, haciendo un salto en el tiempo, apuntamos que en el último Ramadán (2016) la asociación en su sede ampliada, ha dado de comer diariamente a más de 150 personas, además de trasladar cada anochecer a través de voluntarios otras tantas raciones (160) a las que por sus condiciones físicas o de edad, no podían acudir al comedor comunitario; e incluso, de repartir más alimentos entre más personas que se presentaron en la sede con sus respectivos envases para ser llenados. 
Será en el año 2010 cuando MAJDEL KOROM inicie otro propósito solidario, relacionado con una iniciativa gestionada directamente por Yehya Sarris. Consistente de dar amparo económico y  apoyo afectivo a los niños del campamento que se habían quedado huérfanos y sin los medios necesarios para crecer y evolucionar en seguridad. Así, cuando un cabeza de familia (hombre) fallece en Chatila dejando a niños de menos de 13 años, es Yehya el encargado de hacer un sencillo estudio de la familia, que mostrará por escrito la realidad de la situación económica en la que ha quedado tras la muerte. Si las evidencias muestran que el grupo familiar permanecerá desatendido al carecer de recursos imprescindibles o parientes dispuestos a implicarse en el sostenimiento de los pequeños, la asociación se involucrará en su protección en el presente y enfocando igualmente a más largo plazo el futuro de los pequeños.

Yehya Sarris en el comedor de Ramadán
En la actualidad, MAJDEL KOROM está amparando a 40 niños huérfanos. El mecanismo es sencillo, trasparente y muy eficiente. Una especie de padrinazgo minorista que gestiona el propia Yehya recurriendo a sus contactos personales, tanto en el Líbano como en países de la zona o de Europa. Se pone en marcha con llamadas telefónicas a determinadas personas, a las que explica la situación real del menor (o menores). A continuación, si las personas elegidas son receptivas a colaborar en el sostenimiento del huérfano, recibirán por escrito una radiografía exhaustiva con las necesidades más imprescindibles y su coste detallado. Y ya, a continuación, los receptores se comprometerán a aportar “lo que puedan según sus medios” para que el niño no quede en la indigencia. Igualmente, la organización se implica de lleno con los menores para que sientan la cercanía de personas conocidas dentro del campamento, y que seguirán meticulosamente su evolución escolar a lo largo del tiempo. También, durante el Ramadán estos niños son especialmente atendidos junto a sus madres en el comedor de la asociación, por lo que reciben al finalizar el mes  “la ropa nueva” necesaria y algunos juguetes para que “celebren la fiesta” como cualquier pequeño de su entorno. El objetivo de la asociación se centra sobre todo en que estos niños concluyan sus estudios secundarios, en consecuencia cuenta con un grupo de voluntarios que ejercitan de soporte o apoyo escolar cuando es preciso (clases en la sede de la organización después de finalizado el colegio de la UNRWA). Además, si a partir de los 18 años alguno de los jóvenes especialmente capacitado desea acceder a la Universidad, MAJDEL KOROM seguirá implicándose, bien directamente o mediante la gestión de becas o ayudas al estudio financiadas por personas de la misma red solidaria, y que seguirán puntualmente la trayectoria académica del protegido.
   Niños con Walid Ayub   


Otra de las aportaciones más significativas de MAJDEL KOROM es dar resguardo y compañía a los “mayores del campamento” (más de 65 años). Es una iniciativa entrañable y perfectamente visible, que ha logrado que ninguno de los ancianos viva su vejez en la soledad de sus viviendas, sin el cuidado necesario y aislado de sus compatriotas palestinos. Las atenciones son tanto materiales  (alimentos, medicamentos, cuidado de viviendas) como de gestión entusiasta de los momentos lúdicos; relacionados con el reencuentro festivo con paisanos de otros campamentos, celebraciones en la sede de la asociación, o con salidas en autocares para realizar excursiones con juegos de competición incluidos (siempre acompañados de voluntarios de la asociación que ayudarán en el ejercicio de las actividades). En la actualidad la organización tiene inscritas en este programa a unas 50 personas procedentes de diversos pueblos de la Galilea palestina, pero de entre ellas, ya solamente 15 vivieron conscientemente la Nakba y realizaron el último "viaje” hacia el exilio libanés.
Los mayores del campamento en una excursión
Juegos durante la excursión
No podemos dejar de mencionar al equipo “MAJDEL KOROM CLUB DE FUTBOL” que con la euforia como bandera por los triunfos acumulados representa con entusiasmo a la asociación solidaria. Y del que forman parte jóvenes disciplinados que, como pudimos comprobar, se entregan cada domingo sobre el terreno de juego mientras compiten con otros equipos palestinos (liga de 12 equipos de campamentos).
MAJDEL KOROM CLUB DE FUTBOL
Finalmente, debemos completar que la organización fundada por Yehya Sarris, a partir del año 2011 se vio en la necesidad de implicarse en el sostenimiento de los refugiados que iban llegando al campamento procedentes del la guerra de Siria: “No podíamos darles la espalda… dejarlos abandonados. Tuvimos que hacer esfuerzos para conseguir comida de urgencia, sobre todo para los niños; pero también mantas, colchones, algunos utensilios de cocina… Intervenir para que consiguieran alojamientos en Chatila pagando lo que pudieran... No hacemos distinciones, son refugiados pobres y necesitan nuestra ayuda”.

La trayectoria de la asociación MAJDEL KOROM ha demostrado tanto su eficacia como su transparencia. No tiene ningún interés en la gesticulación del halago, ni en el aplauso fácil de observadores conmovidos. Su compromiso es ras del suelo, tangible y diario, sin dejarse llevar por ideologías afines o amiguismos de conveniencia. Solamente se concentra “en ayudar” a  los más pobres e ignorados del campamento “mártir” de Chatila.
Yehya Sarris caminando por Chatila